17 de febrero de 2026
Situación del plan BIM en la empresa en 2026 y guía a seguir
Durante años, hablar de BIM en un estudio de arquitectura era casi una declaración de intenciones. El acrónimo sonaba a innovación, a concurso internacional, a imagen de marca. Había algo de gesto performativo en mostrar al cliente un modelo 3D girando en pantalla, con sus sombras en tiempo real y un render a todo color como colofón de la reunión. El mensaje implícito era claro: “trabajamos con tecnología de vanguardia”.
Esa escenografía, sin embargo, ya no basta. Desde 2024, y de forma más evidente a partir de 2026, la administración pública española ha desplazado el foco: el BIM ha dejado de ser un adorno tecnológico para convertirse en infraestructura mínima. No es un plus, es la condición de acceso. El plan BIM no se presenta como un manifiesto digital, sino como un marco de contratación pública que, poco a poco, estrecha el embudo de entrada a las licitaciones.
Ese deslizamiento silencioso (de la seducción del render al rigor del dato) explica mejor que cualquier campaña por qué tantos estudios medianos y pequeñas ingenierías sienten que, de pronto, el suelo se ha movido bajo sus pies.
- El plan BIM deja de ser una opción tecnológica para consolidarse como el estándar obligatorio en la contratación pública española
- La Fase 3 que arranca en 2026 reduce los umbrales económicos de las licitaciones y exige una mayor madurez en la gestión de datos
- El modelo digital evoluciona de lo estético a lo contractual integrando mediciones y presupuestos 5D que vinculan el diseño con el coste real
- Las PYMES deben internalizar el método del plan BIM para evitar la dependencia técnica y asegurar que sus proyectos superen los nuevos filtros algorítmicos
- El Entorno Común de Datos (CDE) se vuelve la pieza clave para organizar la información bajo estados de aprobación claros y evitar riesgos legales
- El formato IFC y el Nivel de Información (LOI) permiten que el activo digital sea útil durante toda la vida útil del edificio y no solo en la entrega
Contenido:
- Del “BIM Hollywood” al BIM de verdad
- El plan BIM como guión
- 2026: cuando el modelo pasa a ser contrato
- Un vocabulario mínimo para no perder el hilo
- El momento de las PYMES
- “Dos cuartos de BIM”: pedir sin saber qué se pide
- IFC, LOI y el activo digital a largo plazo
- El CDE es más que una carpeta compartida
- Tres trampas habituales en la PYME
- Cómo subirse al tren
- Un cambio menos tecnológico de lo que parece
- ¿Hacia donde va el Plan BIM?
- ¿Qué es el Plan BIM y cómo afecta a las licitaciones públicas en España?
- ¿Cuáles son las fechas clave del Plan BIM para 2026?
- ¿Es obligatorio el Plan BIM para las PYMES de arquitectura y construcción?
- ¿Qué diferencia hay entre el “BIM Hollywood” y los requisitos del Plan BIM?
- ¿Qué documentos son esenciales para cumplir con el Plan BIM?
- ¿Cómo puede una empresa empezar a implantar el Plan BIM de forma gradual?
- ¿Qué importancia tiene el formato IFC en el Plan BIM español?
- ¿Qué es un CDE y por qué es obligatorio para cumplir con el Plan BIM?
- ¿Cómo afecta el Plan BIM a la fase de mantenimiento de un edificio?
- ¿Qué significa pasar del 3D al 5D dentro del Plan BIM?
- ¿Cómo se define el Nivel de Información (LOI) en el Plan BIM?
- ¿Es posible subcontratar el BIM para cumplir con los pliegos del Plan BIM?
- ¿Qué es el “filtro algorítmico” que menciona el Plan BIM?
- ¿Qué papel juega la normativa ISO 19650 dentro del Plan BIM?
- ¿Cómo garantiza el Plan BIM la seguridad y protección de los datos?
- ¿Existen ayudas o financiación para que las empresas se adapten al Plan BIM?
- ¿Cómo cambia la figura del Coordinador BIM con la llegada del Plan BIM?
Del “BIM Hollywood” al BIM de verdad
En la última década hemos asistido a lo que muchos profesionales han bautizado como “BIM Hollywood”: modelos espectaculares por fuera, casi vacíos por dentro. Fachadas impecables, recorridos virtuales, vídeos con música épica y, detrás, capas de información apenas esbozadas, sin criterios claros de codificación, sin estructura de datos que permitiera usar ese modelo para algo más que impresionar al cliente.
Hoy, la administración ya no quiere más fuegos artificiales. Quiere respuestas que solo pueden dar los datos: superficies medibles, partidas presupuestarias trazables, historiales de cambios verificables. La belleza del modelo no desaparece, pero deja de ser el centro de gravedad. El BIM que pide el plan BIM pivota sobre tres ideas muy concretas:
- Trazabilidad: poder reconstruir quién modificó qué, cuándo y para qué.
- Control: reducir la improvisación en obra, ese espacio gris donde se multiplican los sobrecostes y las reclamaciones.
- Eficiencia: conectar el diseño con la operación, de manera que el modelo no muera en la entrega de planos, sino que acompañe al edificio en su vida útil.
Dicho de otro modo: ya no se trata de mostrar un edificio, se trata de gobernar su información. Y ese giro, que puede parecer menor, es el que vuelve decisivo el momento actual.
El plan BIM como guión
Conviene recordar algo que a menudo se pasa por alto, el plan BIM español no es, en esencia, un plan tecnológico. No dicta qué software hay que usar ni cómo deben ser las máquinas del estudio. Es un plan de contratación. Es decir, actúa como un filtro: define qué requisitos de información se exigen para acceder a determinados contratos públicos, y cómo ese listón sube con el tiempo.
La progresión está calculada para que la industria no se rompa por el camino. El sector de la construcción en España está formado, en su inmensa mayoría, por PYMES. Lanzar de golpe una exigencia de gemelos digitales para cualquier obra habría sido, sencillamente, inviable. Por eso el calendario avanza por umbrales económicos y niveles de madurez:
- En 2024 (Fase 2), el foco se situó en contratos de más de 5,5 millones de euros, pidiendo fundamentalmente modelado básico y coordinación en 3D.
- En 2026 (Fase 3), la exigencia baja a contratos de más de 2 millones, pero suben las responsabilidades: mediciones, presupuestos y datos centralizados.
- En 2030, la hoja de ruta apunta a todos los contratos, con gemelos digitales e integración total como horizonte.

La aparente suavidad de esta curva es engañosa. El descenso del umbral económico convierte en protagonistas a estudios y empresas que hasta ahora miraban el BIM desde la barrera. Lo que antes afectaba solo a grandes adjudicatarios comienza a tocar a quienes trabajan en proyectos de tamaño medio, donde se concentra el grueso del tejido profesional.
2026: cuando el modelo pasa a ser contrato
Si hubiera que señalar un año en el calendario, 2026 aparece subrayado. No tanto porque cambie de la noche a la mañana la manera de proyectar, sino porque el modelo digital deja de ser un acompañante para convertirse en parte del contrato. No se entrega un modelo “para que lo tengan”, se entrega un activo digital que la administración utilizará como referencia para medir cumplimiento, calcular mediciones, comprobar desviaciones.
Este desplazamiento trae consigo tres cambios de fondo:
- Gobernanza de datos
Ya no vale con “meter mucha información en el modelo”. Importa quién la introduce, con qué autoridad, en qué momento del proceso y según qué reglas de validación. El dato sin contexto deja de ser un valor, se convierte en ruido. La gobernanza obliga a definir responsables, flujos de aprobación y criterios de calidad. - CDE como columna vertebral
El Entorno Común de Datos (CDE) deja de ser un eslogan para convertirse en la sala de máquinas del proyecto. Ya no basta con un “drive” compartido y una maraña de carpetas llamadas “final”, “definitivo” o “última versión de verdad”. El CDE exige permisos granulares, versiones controladas y estados de la información coordinados. De lo contrario, el riesgo ya no es solo organizativo, sino contractual. - Del 3D al 5D
El salto de madurez no consiste en añadir más capas de complejidad visual, sino en conectar el modelo con las mediciones y el presupuesto. El famoso “5D” no es un artificio de marketing, significa que cada elemento modelado arrastra consigo su coste, su partida, su peso en el conjunto de la obra. Desaparece ese abismo tradicional entre el proyectista que “dibuja” y el constructor que “pone números”.
En este contexto, la estrategia de “subcontratar el BIM” sin entenderlo empieza a mostrar sus costuras. Pagar a un tercero para que “haga el modelo” puede parecer tentador, pero tiene efectos colaterales, dependencia técnica, pérdida de margen y, sobre todo, ausencia de aprendizaje interno. La empresa se convierte en espectadora de su propio proyecto, movida por hilos que no controla.
Un vocabulario mínimo para no perder el hilo
El paisaje del plan BIM puede intimidar a quien lo mira desde fuera. La proliferación de siglas no ayuda. Sin embargo, el núcleo conceptual es más doméstico de lo que parece. Hay cuatro términos que conviene entender sin dramatismos:
- EIR (Requisitos de Información): es, en esencia, el pliego de lo que el cliente quiere recibir, pero expresado en términos de información: qué modelos, con qué nivel de detalle, en qué formato, en qué hitos.
- BEP (Plan de Ejecución BIM): es el documento que traduce esos requisitos a reglas de juego: quién hace qué, con qué software, en qué plazos, bajo qué estándares de nombrado y de intercambio.
- IFC: el formato abierto que permite que distintos programas se hablen entre sí, una especie de lengua franca digital que evita estar encadenado a un único proveedor.
- Gemelo Digital: la meta a largo plazo; un modelo que no se limita a representar la geometría, sino que recoge el comportamiento del edificio real, sus sistemas, sus incidencias y su mantenimiento.
La paradoja es que, bajo la capa técnica, todo esto remite a preocupaciones muy conocidas: qué se pide, quién se compromete, cómo se verifica y qué pasa después de la entrega de obra. El BIM no inventa esos problemas; solo los hace visibles.
El momento de las PYMES
Quizá donde más se juega el éxito o fracaso del plan BIM es en las PYMES. Son ellas las que sienten la presión del calendario sin disponer de departamentos específicos ni presupuestos holgados para consultoría continua. Para muchas, BIM sigue teniendo un aura de complejidad innecesaria, como si fuera un lenguaje reservado a grandes ingenierías.
La arquitecta Irene Ibisate resume bien el malentendido de base: “BIM no es más trabajo, es un trabajo mejor estructurado”. El cambio no consiste en añadir capas de tareas, sino en ordenar las que ya existen. Para las PYMES, la hoja de ruta pasa por tres movimientos muy concretos:
- Internalizar el conocimiento
Dejar de ver BIM como un “dibujo en 3D” y empezar a entenderlo como una base de datos. Cada puerta, cada equipo, cada acabado es un registro con atributos que pueden explotarse. Si el estudio solo usa el modelo como soporte gráfico, está desaprovechando la mitad de su potencia. - Estandarizar procesos
El BIM no funciona sobre la improvisación. Requiere reglas sencillas pero firmes: cómo se nombran los archivos, cómo se versionan, quién puede mover un documento de “borrador” a “compartido”, qué propiedades mínimas debe tener un elemento antes de considerarse válido. No se trata de crear burocracia, sino de reducir el ruido. - Apostar por la calidad de los datos
La administración empieza a cruzar modelos y pliegos con herramientas automáticas. Eso significa que un error en una propiedad, una codificación inconsistente o una geometría sin información puede excluir una oferta sin que nadie llegue a leer la memoria técnica. El filtro ya no solo es estético o narrativo; es algorítmico.
En este nuevo contexto, la experiencia acumulada de las PYMES (su conocimiento de la obra real, su capacidad de resolución en obra) sigue teniendo un valor enorme. La diferencia es que ahora esa experiencia necesita un soporte de datos que la haga legible para el sistema.
“Dos cuartos de BIM”: pedir sin saber qué se pide
Uno de los riesgos más sutiles del momento actual no está en la tecnología, sino en el lenguaje. Irene Ibisate recurre a una imagen que ha circulado profusamente en cursos y charlas: no se puede pedir BIM “como en la carnicería”. Es decir, no tiene sentido redactar pliegos o encargos en los que se pida “todo” sin saber para qué se necesita.
Cuando un cliente (público o privado) reclama “BIM completo” sin concretar usos, niveles de información o formatos de entrega, lo que genera en la práctica son modelos ingobernables. Proyectos donde se modela hasta el último tornillo, se arrastran bases de datos enormes y los archivos se vuelven pesados, caros de mantener e inútiles.
Frente a esa inflación de expectativas, el plan BIM marca una pauta más razonable:
- Uso de formatos IFC como base de intercambio.
- Definición clara del Nivel de Información (LOI) por fases.
- Foco en el modelo como activo digital contractual, no como objeto decorativo.
En otras palabras, no se trata de modelarlo todo, sino de modelar lo que importa en cada etapa. En fase de licitación, quizá la prioridad sea tener superficies fiables y partidas coherentes. En fase de operación, en cambio, será más relevante saber cuándo caduca la garantía de un equipo o cuál es el ciclo de mantenimiento de una instalación. Pretender abarcar todos los usos desde el primer día solo conduce al agotamiento.
IFC, LOI y el activo digital a largo plazo
Detenerse un momento en el trípode IFC–LOI–activo digital ayuda a concretar en qué se traduce ese “BIM razonable” que busca el plan BIM:
- IFC no es un capricho anti-marca, sino un seguro de futuro. Permite que un modelo siga siendo legible aunque la herramienta con la que se creó deje de usarse o cambie de licencia. Evita que el edificio quede rehén de un proveedor concreto.
- El Nivel de Información (LOI) actúa como freno a la sobre-modelación. Establece qué atributos son obligatorios para cada tipo de elemento según la fase: proyecto básico, ejecución, obra, operación. Es una manera de decir “hasta aquí es suficiente por ahora”.
- El activo digital desplaza el foco de la entrega puntual a la vida útil. El modelo ya no es solo para el arquitecto o la ingeniería, es el soporte que tendrá el gestor de mantenimiento dentro de veinte años para saber qué se instaló, quién lo certificó y qué recambios necesita.
En el fondo, la pregunta que atraviesa todo el plan BIM es sencilla: ¿qué información de este proyecto seguirá siendo útil dentro de diez, veinte o treinta años? Lo demás es decoración.
El CDE es más que una carpeta compartida
Pocas palabras se han vaciado tanto de contenido en los últimos años como “nube”. Muchos equipos se sienten tranquilos porque ya no envían planos por correo, sino que comparten enlaces a Dropbox, Google Drive o plataformas similares. Sin embargo, eso no equivale a trabajar con un Entorno Común de Datos en el sentido que plantea la norma ISO 19650.
Un CDE no es un lugar; es una estructura de estados y permisos. Su lógica se puede resumir en cuatro niveles:
- Work in Progress (WIP): el espacio donde cada disciplina trabaja de forma interna. Aquí se cometen errores, se prueban soluciones, se descartan alternativas. No es territorio para terceros.
- Shared (Compartido): la zona donde se sube información que ya ha pasado un filtro interno y está lista para ser coordinada con otros agentes: ingenierías, consultores, propiedad.
- Published (Publicado): el ámbito de la documentación oficial. Lo que se construye, se presupuesta o se licita debe estar aquí, y no en un archivo perdido de una carpeta personal.
- Archived (Archivado): el archivo histórico que permite reconstruir qué se decidió en cada momento, con valor tanto técnico como legal.
Cuando un equipo trabaja sin esta estructura, cuando todo se mezcla en una misma carpeta o se distribuye por “WhatsApps de urgencia”, se produce una ilusión de agilidad que desaparece en cuanto surge un conflicto: ¿quién envió esa versión?, ¿quién aprobó ese cambio?, ¿por qué en obra se está ejecutando algo que no aparece en el modelo?
El CDE, bien entendido, no resta velocidad; la ordena. Permite que la información fluya sin perder memoria.
Tres trampas habituales en la PYME
En este proceso de adaptación al plan BIM, las PYMES caen a menudo en tres trampas reconocibles:
- Confundir BIM con software
Comprar licencias de un programa de modelado no convierte a un estudio en “BIM”. Del mismo modo que adquirir un coche de carreras no convierte a nadie en piloto, la herramienta por sí sola no garantiza el método. Sin revisión de procesos, sin estándares y sin roles claros, el software se convierte en un lápiz caro. - Delegar todo en “el becario BIM”
Es frecuente que la persona que mejor maneja el programa sea la más joven del equipo, quizá recién llegada. Conoce atajos, maneja familias, optimiza tiempos. Pero rara vez ha pisado una obra o ha leído un pliego de contratación completo. Depositar en ella la responsabilidad de cumplimiento BIM de una licitación es injusto y, sobre todo, peligroso. La responsabilidad técnica y económica recae en la dirección del estudio, no en quien domina la interfaz. - Presupuestar sin leer los requisitos
Muchas ofertas se calculan con una lógica heredada del CAD: tantas plantas, tantas secciones, tantos detalles. En un entorno BIM, el esfuerzo ya no se mide solo por número de planos, sino por requisitos de información. Ignorar el EIR puede suponer subestimar un 10% o un 15% de horas adicionales, que se evaporan del margen de beneficio sin que nadie las haya considerado.
Estas trampas no son fruto de mala fe, sino de inercia. Durante años se ha trabajado por intuición y oficio; ahora el sistema pide explicitar ese oficio en documentos, flujos y responsabilidades.
Cómo subirse al tren
La idea de “implantación BIM” se asocia a veces a procesos traumáticos: cambios bruscos, consultorías largas, manuales interminables. No tiene por qué ser así. La clave, especialmente para PYMES, es moverse en pasos cortos pero firmes. Cuatro movimientos bastan para empezar a situarse en el mapa del plan BIM:
- Compromiso de dirección
Sin respaldo claro de la dirección, cualquier intento se quedará en un experimento aislado. Cuando llegan las prisas de entrega, lo nuevo es lo primero en sacrificarse. La decisión de trabajar con BIM debe asumirse como una apuesta estratégica, no como un capricho del equipo técnico. - Diagnóstico realista
Antes de comprar licencias o planificar cursos, conviene saber dónde está la empresa: qué tipo de proyectos hace, qué requisitos BIM se está encontrando ya en pliegos, qué personas tienen más disposición para liderar el cambio. Pretender saltar del papel al gemelo digital en un mes solo conduce a frustración. - Proyecto piloto bien escogido
El primer proyecto en BIM no debería ser el más complejo ni el más urgente. Hace falta un margen de ensayo y error. Un proyecto real, pero controlable, permite testar estándares, depurar plantillas, revisar cómo se coordina el CDE y aprender sin poner en riesgo la reputación del estudio. - Formación por roles
No todo el mundo necesita saber modelar. Los directivos deben entender qué están firmando cuando aceptan un EIR o un BEP; los coordinadores deben saber revisar modelos y detectar incoherencias; los modeladores necesitan dominar el detalle técnico. Existen, además, formaciones bonificadas que pueden aliviar el impacto económico de este proceso, siempre que la empresa se tome el tiempo de planificarlas.
Este enfoque gradual no elimina las dificultades, pero las hace manejables. El objetivo no es alcanzar el máximo nivel de madurez en tiempo récord, sino evitar quedarse fuera de juego sin haberlo visto venir.
Un cambio menos tecnológico de lo que parece
Hay una tentación recurrente al hablar de BIM y del plan BIM, reducirlo todo a una cuestión tecnológica. Sin embargo, quienes han acompañado procesos de implantación en distintos tamaños de empresa coinciden en un diagnóstico, el verdadero desplazamiento es cultural.
En el fondo, lo que se le pide al sector es que deje de trabajar “por archivos” para trabajar “por información”. Eso implica:
- Aceptar que los errores se detectarán antes, y por tanto serán más visibles.
- Asumir que la documentación ya no se juzgará solo por lo que se ve en un plano, sino por lo que hay detrás del modelo.
- Entender que las decisiones en obra se basarán cada vez más en datos verificables, y menos en improvisaciones amparadas en la urgencia.
Este cambio puede resultar incómodo para quienes han construido su prestigio sobre la capacidad de improvisar soluciones en obra. Pero también abre una oportunidad, la de demostrar solvencia no solo en la resolución de conflictos, sino en su prevención.
¿Hacia donde va el Plan BIM?
El cansancio del sector es real. En poco más de una década han confluido crisis económicas, cambios normativos, irrupción de nuevas herramientas y demandas crecientes de sostenibilidad, industrialización y digitalización. No es extraño que muchos estudios sientan que se les pide “otra ola más” cuando aún no se han recuperado de la anterior.
Sin embargo, el plan BIM introduce una diferencia respecto a otras modas tecnológicas, aquí no hay un hito visible a partir del cual “no se pueda trabajar”. Nadie va a enviar una carta prohibiendo proyectar con métodos tradicionales. Lo que ocurrirá, más silenciosamente, es que cada vez habrá menos puertas abiertas a quienes no puedan demostrar cierto nivel de madurez digital en sus ofertas.
La Fase 3, con sus umbrales más bajos y sus exigencias más afinadas, funciona como una especie de faro. No exige perfección desde el primer día; pide, simplemente, que las empresas se orienten, que dejen de remar al azar en un mar de archivos dispersos y comiencen a tomar decisiones apoyadas en datos, procesos y responsabilidades claras.
Adoptar BIM (y, en particular, alinearse con el plan BIM) no garantiza más proyectos ni mejores clientes. Lo que sí hace es reducir el margen de error, disminuir el peso de la improvisación y situar a cada agente en un mapa en el que se sabe qué se pide y qué se entrega.
En un sector acostumbrado a vivir en el corto plazo de las obras y las licitaciones, quizá la verdadera innovación sea esa: empezar a pensar los edificios (y las empresas que los diseñan y construyen) como estructuras que, igual que la arquitectura que aspiramos a hacer, puedan sostenerse y evolucionar dignamente en el tiempo.
¿Qué es el Plan BIM y cómo afecta a las licitaciones públicas en España?
El Plan BIM es una hoja de ruta estratégica aprobada por el Consejo de Ministros que establece la obligatoriedad de utilizar la metodología Building Information Modeling en la contratación pública. No es solo un cambio tecnológico, sino un requisito contractual. A medida que avanzan las fases del plan, los umbrales económicos de los contratos bajan, lo que significa que proyectos de menor presupuesto (a partir de 2 millones de euros en 2026) ya exigen modelos digitales estructurados para poder concursar.
¿Cuáles son las fechas clave del Plan BIM para 2026?
El año 2026 marca el inicio de la Fase 3 del calendario de implantación. En este punto, el nivel de madurez exigido aumenta, ya no basta con un modelado 3D básico. Se requiere una integración de datos más profunda que incluya mediciones, presupuestos (5D) y una gestión centralizada de la información. Además, el umbral de obligatoriedad se reduce a contratos de obras superiores a 2 millones de euros, afectando de lleno a estudios medianos y pequeñas ingenierías.
¿Es obligatorio el Plan BIM para las PYMES de arquitectura y construcción?
Aunque el Plan BIM se aplica directamente a la licitación pública, su efecto es sistémico. Las PYMES que deseen trabajar para la administración (o actuar como subcontratistas de grandes adjudicatarios) deben adaptar sus procesos. La normativa no obliga a comprar un software específico, pero sí exige cumplir con estándares de información (como el formato IFC) y flujos de trabajo coordinados (ISO 19650).
¿Qué diferencia hay entre el “BIM Hollywood” y los requisitos del Plan BIM?
El término “BIM Hollywood” se refiere a modelos visualmente impactantes pero vacíos de datos útiles. Por el contrario, el Plan BIM prioriza la calidad del dato sobre la estética. La administración pública busca trazabilidad y eficiencia: necesita que el modelo digital sirva para calcular costes reales, planificar el mantenimiento y reducir imprevistos en obra, convirtiendo el modelo en un activo digital con valor legal y técnico.
¿Qué documentos son esenciales para cumplir con el Plan BIM?
Para alinearse con las exigencias del plan, es fundamental dominar dos documentos contractuales:
EIR (Exchange Information Requirements): Donde el cliente define qué información necesita recibir.
BEP (BIM Execution Plan): Donde el equipo técnico explica cómo va a satisfacer esos requisitos, definiendo roles, softwares y estándares de intercambio.
¿Cómo puede una empresa empezar a implantar el Plan BIM de forma gradual?
La implantación no debe ser traumática. Se recomienda seguir cuatro pasos:
Compromiso de la dirección: Entender el BIM como una decisión estratégica, no solo técnica.
Formación por roles: No todos deben modelar; los gestores deben aprender a revisar y contratar.
Uso de un CDE: Adoptar un Entorno Común de Datos para ordenar la información.
Proyecto piloto: Aplicar la metodología en un proyecto real pero controlado para testar los flujos de trabajo antes de una licitación crítica.
¿Qué importancia tiene el formato IFC en el Plan BIM español?
El IFC (Industry Foundation Classes) es la piedra angular del plan BIM porque garantiza la interoperabilidad y la soberanía del dato. La administración pública no puede exigir el uso de un software comercial concreto (como Revit o ArchiCAD). Por tanto, exige que la información se entregue en este formato abierto para asegurar que el modelo sea legible por cualquier agente ahora y dentro de treinta años, sin depender de licencias privadas.
¿Qué es un CDE y por qué es obligatorio para cumplir con el Plan BIM?
El CDE (Common Data Environment) o Entorno Común de Datos es el espacio digital donde centralizar toda la información de un proyecto. Bajo el marco del plan BIM, el CDE no es solo una “nube” para subir archivos; es un sistema de gestión que organiza la información en estados (Trabajo en curso, Compartido, Publicado y Archivado). Esto garantiza que todo el equipo trabaje siempre sobre la versión vigente y reduce drásticamente los errores por falta de coordinación.
¿Cómo afecta el Plan BIM a la fase de mantenimiento de un edificio?
El objetivo último del plan BIM es la creación de un Gemelo Digital. Esto significa que el modelo no muere al terminar la obra. La información contenida en el modelo (garantías de equipos, fechas de revisión, fichas técnicas de materiales) se transfiere al gestor del edificio. De este modo, el mantenimiento pasa de ser reactivo a preventivo, optimizando los costes de operación durante todo el ciclo de vida del activo.
¿Qué significa pasar del 3D al 5D dentro del Plan BIM?
Mientras que el 3D se refiere a la geometría, el 5D introduce la dimensión del coste. El plan BIM busca que el presupuesto deje de ser un documento aislado y pase a estar vinculado directamente a los objetos del modelo. Si cambias un tabique en el diseño, el presupuesto se actualiza automáticamente. Esto aporta una transparencia y un control financiero que son requisitos clave en las licitaciones de la Fase 3 (2026).
¿Cómo se define el Nivel de Información (LOI) en el Plan BIM?
El LOI (Level of Information) define cuántos datos “no gráficos” debe llevar cada elemento del modelo en una fase concreta. El plan BIM desaconseja modelar en exceso (el llamado “sobre-modelado”). En su lugar, pide que se aporte solo la información necesaria para cada hito: por ejemplo, en fase de licitación importa la superficie y el material, mientras que en fase de obra importa el fabricante y el certificado de sostenibilidad.
¿Es posible subcontratar el BIM para cumplir con los pliegos del Plan BIM?
Es una solución común para PYMES, pero el plan BIM penaliza la falta de control interno. Si una empresa subcontrata el modelado sin entender los flujos de información, corre el riesgo de entregar modelos que no cumplen con el EIR (Requisitos de Información) del cliente. La recomendación es internalizar al menos la capacidad de supervisión y gestión del BEP (Plan de Ejecución BIM) para no perder margen de beneficio ni responsabilidad técnica.
¿Qué es el “filtro algorítmico” que menciona el Plan BIM?
Con la madurez del plan BIM, la administración pública empezará a usar herramientas de chequeo automático de modelos. Esto significa que un software revisará si el modelo cumple con la normativa de accesibilidad, superficies o incendios antes de que un técnico lo abra. Si los datos no están correctamente codificados, la oferta podría ser rechazada automáticamente por el sistema, haciendo que la precisión técnica sea más crítica que nunca.
¿Qué papel juega la normativa ISO 19650 dentro del Plan BIM?
El plan BIM se apoya en los estándares internacionales de la serie ISO 19650 para unificar el lenguaje entre todos los agentes. Esta normativa define cómo se organiza la información y qué responsabilidades tiene cada parte durante el ciclo de vida del activo. Seguir estas reglas de juego internacionales no solo es un requisito para las licitaciones públicas, sino que permite a las empresas españolas competir en mercados exteriores bajo un marco de trabajo reconocido globalmente.
¿Cómo garantiza el Plan BIM la seguridad y protección de los datos?
La seguridad de la información es un pilar fundamental, especialmente en infraestructuras críticas. El plan BIM establece protocolos para que el intercambio de datos en el CDE sea seguro, definiendo quién puede ver, editar o descargar información sensible. Al centralizar los datos en entornos controlados, se reduce la dispersión de archivos por canales inseguros (como el correo electrónico personal), protegiendo la propiedad intelectual del proyectista y la integridad del activo público.
¿Existen ayudas o financiación para que las empresas se adapten al Plan BIM?
Sí, la transición hacia el plan BIM está respaldada por diversos mecanismos de apoyo, especialmente orientados a la digitalización de PYMES. Programas como el Kit Digital o las ayudas específicas de cámaras de comercio y comunidades autónomas permiten financiar la compra de licencias, la actualización de hardware y, sobre todo, la formación técnica necesaria para cumplir con los estándares de información que exige la administración pública en sus pliegos.
¿Cómo cambia la figura del Coordinador BIM con la llegada del Plan BIM?
Bajo el marco del plan BIM, el Coordinador BIM deja de ser un perfil meramente técnico para adquirir un rol de gestión de riesgos. Su función principal no es solo que el modelo “no tenga colisiones”, sino asegurar que el flujo de información cumpla estrictamente con el BEP y los requisitos del cliente. En 2026, este perfil es el garante de que los datos que alimentan el presupuesto y las certificaciones de obra sean veraces, coherentes y legalmente vinculantes.